sábado, 6 de junio de 2009

Un tranvía llamado deseo


Tras 7 días cogiendo taxis he decidido probar el transporte público de la ciudad. He decidido probar el tranvía ya que une directa y rápidamente mi nuevo apartamento con mi lugar de trabajo y zonas de ocio.

Uno, que es de ética irreprochable, sólida, incorruptible, nunca se permitiría colarse en un transporte público y no pagar en un transporte que es de todos; y menos en un país nuevo que me está tratando tan bien.
Además, es bueno pagar porque con esa pequeña aportación monetaria la red de tranvías de Wroclaw puede seguir manteniendo en funcionamiento esos ejemplares de tranvía prehistóricos, piezas de museo caras de mantener, y que sólo así pueden seguir en funcionamiento.
Con esa noble intención me dirijo a una de las máquinas expendedoras de billetes.

La máquina tiene un aspecto un tanto lamentable. Introduzco un par de monedas para intentar obtener un billete y cual es mi sorpresa cuando devuelve mis monedas y alguna más. Sorprendido vuelvo a intentarlo y esta vez además de no darme el billete, se queda con alguna de mis monedas. Sigo intentándolo y se sigue repitiendo el juego: a veces se queda alguna moneda, otras me devuelve de más. Aquello parecía un casino. El billete al final no sale. Al cabo de unos minutos llegan unas señoritas y tras solicitar su colaboración acabamos concluyendo que la máquina o está rota o realmente había pertenecido antes a una sala de juegos.


Mi deseo era realmente obtener ese reglamentario ticket que me permitiera viajar, cual ciudadano ejemplar, por la red de tranvía de la ciudad, sin sentimiento de culpa por no haber contribuido, así, como dije antes, al mantenimiento de esas piezas de museo que son algunos tranvías.

A todo esto un nuevo coche está llegando y yo no tengo billete así que por mi mente pasa el tomarlo igualmente y asumir las consecuencias en caso de ser pillado in fraganti (calabozo, deportación, asistencia a concierto del coro del ejército rojo): el honor mancillado.

Subo y en un par de paradas estoy en mi destino. No había sido mi deseo que sucediera así pero ya ven ustedes que corto es el camino hacia la delincuencia, hacia la perdición. Ya ven ustedes qué fácil es apartarse del recto proceder. En mi descargo he de decir que las circunstancias me forzaron.

Paso un par de horas de ocio disfrutando de mi famoso zumo de naranja, al lado de un acuario en el que, entre otros especímenes, figuran un par de tiburones (y esto va en serio), me como un tiramisú estupendo y me dispongo nuevamente a volver a casa.

Mi deseo vuelve a ser el de obtener el preciado billete en una nueva máquina, pero está fuera de servicio así que me quedan dos opciones: andar hasta otra parada e intentar adquirirlo allí o volver al bandolerismo.

Me decido por el asalto al tranvía. Recorro las dos paradas que me separan de mi destino y me apeo. Eso fue ayer.

Hoy he tomado el tranvía tres veces y ni siquiera me he parado a mirar si había alguna máquina expendedora cerca. Directamente me he introducido en el vagón.

Prometo volver pronto al buen camino y contribuir con mi dinero a que los tranvías de la ciudad cumplan otros cien años más de servicio.

Ese es mi deseo.

4 comentarios:

JoseP dijo...

Oye Jaime! Ya empezamos bien! hahahahahhahaha

Me he divertido leyendo el blog! hehehehe.

Haber si puedo escaparme un día y vengo a ver ese tranvía! hahahahaha

Saludos

viki dijo...

¡Qué bonita es la aventura!

Estás en los mejores días, en lo que todo es nuevo y sorprendente. Afortunadamente la sensación ha sido muy positiva.

Seguiré atenta a tus crónicas.

Un saludo, Viki

Juan M. Cazorla dijo...

Buenas Jaime, he leido tu blog y la verdad que me ha molado bastante. Yo vivo en Colonia, Alemania y estoy intentando que mi empresa me mande a trabajar alli :)

Espero poder seguir leyendo pronto tus aventuras :p

Jaime dijo...

Gracias josep, viki y Juan por vuestros comentarios.

Tienes razón viki quizá los primeros días no cuesta tanto al ser todo tan extraordinariamente nuevo. Ya veremos con el paso del tiempo.

Juan si puedo servirte de cualquier ayuda no dudes en acudir a mí. Anímate y vente que Wroclaw está muy bien.