domingo, 31 de mayo de 2009

Segundo día de emociones


Día 2.

Tenía cita en el trabajo a las 11 30 en uno de los edificios emblemáticos de la ciudad. Recién construido edificio de oficinas donde tienen su sede varias multinacionales. Centro de la ciudad. Perfectamente situado. Llego debidamente trajeado (como no es normal en mí) y preparado para estampar mi firma con mi nueva Compañía. En recepción pregunto por la persona con quien tengo la cita: una chica polaca muy probablemente, a tenor de su apellido. Menciono su nombre (relativamente fácil de pronunciar) y también su apellido. La recepcionista sonríe levemente y corrige la pronunciación del apellido de tal forma que no había absolutamente ninguna similitud entre mi pronunciación y la suya, ninguna. De hecho tardé unos segundos en darme cuenta que estaba pronunciando la misma palabra. Espero un par de minutos la llegada de mi partner y ante mi presencia de repente se planta una joven que me saluda y a la que yo igualmente saludo. Nos dirigimos al ascensor y ya dentro empiezo a darme cuenta que en realidad aquella joven seguramente no es polaca, ni siquiera es joven, ni siquiera es una chica, quizá ni siquiera humana. Es mucho más: es una Diosa del Olimpo, algo absolutamente maravilloso caído del cielo.

Comienza a hablar en un muy buen inglés y a explicarme aspectos del contrato pero yo, que ya me había dado cuenta que llevaba un escote del tipo "mantengamos firme la base para que puedas salir por arriba" tenía que hacer verdaderos esfuerzos para no quedarme embelesado ante tan impresionante panorama. Fascinante, y esa parte de su anatomía era realmente digna, créanme, de una escultura de Miguel Ángel o de una pintura para el Museo del Prado. Espectáculo absolutamente maravilloso. Increíble.

Durante bastantes minutos la tuve sentada a mi lado mientras ella me ofrecía explicaciones y hacía señalaciones sobre los documentos. Mi vista no podía evitar toparse con esa maravilla de la naturaleza antes de llegar a la mesa. Cuando se admira arte de verdad la emoción nos llega a embargar.

Firmé los documentos como hubiera firmado alistarme a la legión extranjera pues mi mente estaba en ese momento en pantallazo azul, con fatal error system incluido.
Me hizo un par de recomendaciones más sobre mis inicios en Wroclaw (ciudad que cada día me gustaba más).
Al cabo de unos minutos, sin ninguna excusa por medio para permanecer allí, tuve que partir hacia el reconocimiento médico para demostrar a la compañía que uno está medianamente sano.


Ya en la calle e impresionado aún por la visión divina que había tenido ocasión de presenciar a 10 cm, y con la emoción de quien ha visto arte en su máxima expresión me apresuro a coger un taxi para no hacer esperar demasiado al doctor.
La visión de la señora taxista me hizo topar bruscamente con la realidad, pasando de lo divino a lo humano en el justo tiempo que tardé en tomar asiento en el taxi. Le indiqué la dirección del centro médico y hacia allá fuimos.

Más chicas guapas al llegar y enseguida me hacen pasar con la oftalmóloga. Veo perfectamente todas las letras y todo va estupendo pero aún así me comenta que en un par de años es muy probable que necesite gafas, no por nada en particular sino porque por cuestión de edad es bastante común. No es ella sabedora de mi agudeza visual como apenas minutos atrás había demostrado.

Luego paso a ver al médico y tras hablarme en polaco le digo que lo lamento pero que no sé el idioma.

- Aún.- completa él la frase, de un modo no excesivamente amable para mi refinado gusto. Parece que espera que todo el que llegue esté deseando aprender el idioma.

Como no tengo la suficiente confianza con el sujeto, y tampoco la completa seguridad de que haya hecho el comentario para tocar el par (par masculino éste a diferencia del femenino antes mencionado) prefiero no mandarlo a tomar por allá. El sujeto es de unos 50 años con algún kilo de más, rubio, maneras no excesivamente amables aunque sin caer en la mala educación. Habría casado bien en el antiguo régimen stalinista haciendo reconocimientos médicos a diestro y siniestro (más bien a siniestro). Pasaría por el típico médico de la época que, tanto te podía recetar unos antigripales, como mandarte a tomar por c´**o directamente.
Me reconoce y concede que estoy sano como un roble. Todo normal.
Salgo a recepción a la espera del certificado (poco más grande que una multa de aparcamiento) y mientras espero noto que una morena alta está esperando también consulta. Atractiva mujer.


Tras el reconocimiento médico creo que es hora de tomar mi primera comida medio decente en Polonia así que me dirijo al centro comercial Arkady (en realidad paso más tiempo ahí que en el hotel) y busco algún restaurante en su interior. Todavía es algo aventurado comer en un restaurante polaco pues desconozco totalmente el idioma.
Cansado, me fui a lo fácil y me comí una ensalada en un italiano y un pollo a la cacciatora.


A las 4 había quedado con las chicas de la agencia del día anterior para ver un par más de apartamentos así que me dirigí al punto de reunión: Hotel Polonia.
Tras el repaso visual de rigor de nuestro hotelero, espero unos minutos a que lleguen mis contactos.

A todo esto llueve y hace frío y eso que estamos en Junio. Ni que decir tiene que no me he traído ropa de invierno (normalmente en junio la tengo guardada).

Llegan hasta mi altura y con un grácil movimiento me introduzco en el vehículo. Viene una chica que había conocido el día anterior y a su lado una nueva muy maja. Alta, rubia, delgada y para ponerle otro piso en alcobendas al lado de la chica de recepción del otro día. Realmente atractiva.
La saludo como diciendo :" joder que buena estás tu también"
Tráfico pesado. Una de las virtudes de la chica empiezo a darme cuenta que no es la conducción. Con más pena que gloria llegamos a aparcar cerca del apartamento. Nuevo, bonito, en una buena zona y quizá el que acabe adquiriendo. Salvo que el amigo que conoceremos a continuación me haya identificado.

Y es que la emoción fuerte del día llega cuando la chica quiere sacar el coche del lugar de estacionamiento una vez visto el piso. Lo había aparcada razonablemente bien pero sacarlo fue toda una odisea. Se le puede perdonar porque era guapa, elegante e interesante.
Primero intenta hacerse espacio y no encuentra mejor modo que golpear repetidamente el paragolpes del coche aparcado detrás: marcha adelante y golpe hacia atrás, ese parecía ser el plan. Lo golpea una vez, y otra, y otra, pero el vehículo sufridor, digno él, va aguantando las embestidas. En cierto momento le sugiero que se suba a la acera y que lo saque por el paso de cebra. No es muy ortodoxa la solución pero me parecía la menos dañina para el parque automovilístico cercano. Sigue lloviendo y en la enésima embestida me percato que un señor, con cara de llevar un rato sufriendo, en el soportal cercano, observa medio desesperado las maniobras delicadas de nuestra conductora y ante cada golpe parece reaccionar como si fuera él quien en realidad lo recibiera .

Acompaña su gesto de dolor con unas palabras y tengo la sensación de que, a pesar de que muy probablemente fuera polaco el señor, en ese momento estaría utilizando el Arameo, juramentos en Arameo probablemente. Ni que decir tiene que mis dos acompañantes féminas, tan atentas siempre a la conducción, parecían estar más pendientes de intentar desguazar el otro vehículo que de cualquier otra circunstancia.
Llegado un punto, a pesar de la lluvia que arreciaba en aquel momento (salvadora para nosotros), el recitador de arameo comenzó a caminar hacia nuestro vehículo y no hacía falta ser muy listo para darse cuenta que el coche vilmente maltratado era SU coche y que el cabreo que tenía era importante tras haber presenciado la macabra escena.
Difícil salida comenzaba a tener aquello sin que hubiera derramamiento de sangre por medio, tras el de pintura.

En el último momento, y seguramente para mayor escarnio, cabreo y mofa hacia nuestro recitador de lenguas antiguas; en el preciso momento en que el buen señor estaba a medio camino entre la sequedad del soportal que tanto le había costado abandonar y su coche, y por tanto se estaba poniendo hecho una verdadera sopa (llovía a rabiar); en ese preciso momento en que tras haber visto tantas embestidas contra su antes digno paragolpes se decidió a actuar, ante la constatación de que en un par de minutos la citada pieza pasaría a formar parte del museo de los horrores automovilísticos, en ese mismo momento, créanme, la chica logró sacar el coche e incorporarlo a la rotonda que giraba la plaza.

Nuestro amigo, a medio camino ya como he comentado, deshizo el camino andado apresuradamente, mientras la tormenta terminaba de redondearle la tarde. Yo, en el coche, detrás, no sabía si reír, llorar o rezar por su alma, y, mientras tanto, ellas, completamente ajenas a lo sucedido, encaraban rumbo nuevamente a la zona de mi hotel como si absolutamente nada hubiera pasado.

Lógicamente los posteriores cambios repentinos de carril, acelerones bruscos, frenazos, bocinazos etc no me hicieron el más mínimo efecto tras el episodio vivido y solo di gracias a Dios por llegar sano y salvo.

Realmente la belleza tiene algo de inocencia porque estoy seguro que la guapa conductora no se percató de la tragedia causada. Porque no tiene otro nombre que tragedia el hecho de tener tu coche aparcado a unos metros de ti y pretender guarecerte en un soportal unos minutos esperando a que acabe la inesperada tormenta, para volver quizá al calor del hogar con tu mujer y los niños tras una jornada de trabajo, y, en lugar de eso, ver como una chica joven a manos de un fiat se dedica a destrozar tu coche inmisericordemente, sin piedad, y sin ningún tipo de provocación previa. Encima cuando quieres ir a solucionarlo, tarde, te encuentras que además de sin coche acabas empapado. Juzguen ustedes.



Al cabo de media hora de este sangriento episodio había quedado con otra chica de otra agencia. Ésta conducía con más seguridad en sí misma aunque de forma un tanto arriesgada. Vimos un par de pisos horribles dignos de figurar también en el museo de los horrores haciendo compañía al ya a esas horas insalvable paragolpes, y quedamos en ver más al día siguiente en el centro.
Había feeling entre los dos y nos reíamos bastante. Al final me acompañó al centro comercial porque por lo visto tenía que comprar algo (que al final no compró). Le ofrecí tomar algo en un café muy acogedor del propio centro comercial y aceptó y allí estuvimos hablando y riendo casi dos horas. Por unos momentos llegué a pensar que tendría sexo en Polonia incluso antes que piso, lo que, aún siendo una idea atractiva, no dejaba de ser realmente extraña.

Tomamos un par de consumiciones y, ya a punto de cerrar el centro, nos despedimos hasta el día siguiente.

A continuación me dirigí a mi hotel pensando en el pobre hombre, que estaría seguramente en casa acordándose de todos los apóstoles del antiguo testamento y buscando algún desguace donde poder vender a peso lo que quedaba de su paragolpes.

Hotel, ascensor que te lleva a otro tiempo y tras recorrido serpenteante e incierto por la alfombra roja floreada llegada a la habitación para terminar un nuevo e interesante día.

Primer día: 27 de mayo de 2009






Día 27 mayo 2009


Salida del aeropuerto a las 12.35. Compañero de viaje parecía ser un sacerdote o similar. Durante el viaje saco un a bolsa de no se qué y me invitó muy amablemente. Un tío majo se le veía al hombre. Yo decliné la invitación. Luego, durante el viaje, intercambiamos un par más de comentarios, relativos al libro que un servidor iba leyendo (comentario a la guerra de las galias) y al final me deseó feliz estancia en Polonia,


Aterrizaje en Wroclaw. Aeropuerto más pequeño de lo previsto por mí. Esperando la maleta me di cuenta que la mujer polaca prometía, no me equivocaría. En la salida de equipajes estaba el típico funcionario policial de mediana estatura, delgadito, con cara de husmearlo todo y de sospechar de cualquier movimiento, sacado de cualquier película sobre la guerra fría. Al otro lado, el típico bestia uniformado que seguramente a la mínima indicación del primero te da dos sopapos.


Salida del aeropuerto, tomo taxi a Wroclaw, mucho verde, amplios campos, amplios espacios. Llego a la ciudad. Ciudad amplia, espaciosa, algo abandonada en algunos edificios. Alterna el típico edificio enorme y descuidado estilo soviet, con otras edificaciones mucho más bonitas aunque mejorables en cuanto a su limpieza exterior.


Me dirijo al hotel Polonia. Hotel de no muy buenas recomendaciones por usuarios del mismo según comentarios leídos en Internet pero el único que pude conseguir el día anterior, relativamente cerca del lugar de trabajo. Se suponía que el hotel debería tener Internet pero la chica de recepción me indica que sería vía modem y blablabla. En definitiva, que no tendría Internet.


Subo a la 3 planta. Hotel viejo, descuidado, con las alfombras seguramente conservadas de cuando Lenin vino a inaugurar algo en la ciudad. Hacía tiempo que no veía unas alfombras de ese tipo, desgastadas a más no poder. Lo mejor estaba aún por llegar.


Llego a la 3 planta en ascensor y me dispongo a buscar mi habitación. Impresionante. Nunca habría pensado que en una planta pudieran caber tantos pasillos, cruzándose de todas las formas posibles. Empiezo a buscar y la sensación era la de estar vagando sin rumbo por una especie de laberinto de altísimo techo,. La alfombra me acompaña durante todo el camino. Quién sabe cuantos metros y metros de alfombra se hicieron para este hotel. Nunca había visto una maraña tal de pasillos en una planta, que parecía de un tamaño realmente impensable. Un pasillo salía hacia la derecha, luego de él salía otro hacia la izquierda y otro más en oblicuo, luego otro más y otro y aquel que se cruza: Impresionante. Al final encontré la habitación: espaciosa como todo aquí parece ser pero de bastante baja calidad.


Mención especial merece el señor-personaje-individuo-especimen que habita el hotel en su pasillo de entrada. Es personaje de la era soviética en toda su dimensión: cara de desconfiado, sentado normalmente en una esquina del pasillo observando quien entra y sale, camisa comprada el mismo día que la alfombra (seguramente venía de regalo con ella), andar renqueante como si arrastrara alguna vieja dolencia o herida (quién sabe si persiguiendo a algún cliente), hombre de pocas palabras (lift there, lift here, ). Es exactamente el típico esbirro que en toda película acompaña al malo inteligente pero que no dice una palabra salvo para preguntarle al jefe si le atiza al bueno. Es el que primero se enfrenta al cary crant de turno a base de fuerza bruta y una vez vencido por la maña del guapo (no, no es ninguna amiga de Zaragoza) deja el camino libre para el final de la película con pelea entra malo listo y bueno listo.


Por la tarde me toca esperar para comenzar a ver pisos como un loco. Portátil en mano me doy cuenta mientras espero a la chica que me acompañará que las polacas están en general muy muy buenas. Te miran y mantienen la mirada y al final uno ya no sabe qué pensar. Las primeras impresiones en este sentido son realmente muy positivas.


Llega la chica de la agencia: rubia total, bastante guapa y con apertura pectoral por la que mi vista se cuela de forma natural mientras comentamos ya no me acuerdo el qué. Alcanzo a ver lo que el sujetador me permite y todo tenía muy buen aspecto. Realmente Wroclaw tiene buenas vistas.

-Creo que me va a gustar esta ciudad.- pienso en ese momento


Comenzamos a ver apartamentos pero en general no me convence ninguno. Mientras estoy a solas con ella en algún piso pienso si no sería buena idea invitarla a tener sexo sin florituras, primitivo, tal como surja, sin intermediarios formales, rememorando las cópulas de nuestros primitivos ancestros.


Intento mantener fría la cabeza. La idea de comenzar detenido por la policía por haberme abalanzado rabiosamente sobre el primer escote polaco que me había encontrado no me seduce tanto como el escote mismo, y pienso que si los hoteles son como el que me ha tocado, un calabozo aquí ha de ser algo digno de ser sufrido.


El 2 piso que visito es digno de relato. Enorme edificio, absolutamente inconmensurable, seguramente diseñado por el mismo arquitecto que diseñó la ya famosa planta del hotel. Bloque extraño, entrada y salida al edificio extraña, enrevesada, no laberíntica como el hotel (habría sido ya demasiado) pero con vocación para ello. Veo que quieren en primer lugar intentarme colocarme los "bacalaos" así que yo estoicamente voy aguantando las embestidas y le hago entender a la amable señorita que mi idea es intentar encontrar algo un "pelín" más moderno.


Durante estas horas mi jefe, en Francia, y yo, intentamos ponernos en contacto uno con el otro sin ningún éxito. Al final quedamos para las 8, que a esa hora le llamaría.


Entre dejar de ver apartamentos y las 8 intento buscar habitación en otro hotel. Hay uno cercano de buena apariencia, la chica de recepción preciosa y disponible (a buscar habitación en otro hotel pues el suyo está lleno no a otra cosa). Se la veía encantadora. Me habría gustado haber pasado la noche en el mostrador viendo como me busca habitación. No hay suerte.

Resignado me voy al ya famoso hotel y llamo a mi jefe a Francia. Nada especialmente relevante que contar sobre este particular. Parece un buen tío, tranquilo, calmado.


Acabo de hablar con él y vuelvo a salir para dirigirme a la plaza principal de Wroclaw. Literalmente no he parado en todo el día prácticamente ni siquiera para comer. Incluso las maniobras en la Legión se las toman con algo más de calma.


Pido un Taxi y le pido que me deje en alguna zona apta para ver el partido final de la Copa de Europa. Me deja en la plaza principal de Wroclaw e intento buscar un bar-restaurante del que había tenido conocimiento en Internet llamado "taverna Espanola" . Sabía que estaba en una de las esquinas de la plaza así que no parecía difícil encontrarlo.


Pregunto a dos hombres apoyados en la columna de un soportal, uno con toda la pinta de ser un perfecto maníaco o asesino en serie. Yo, después del día que llevaba, sin parar de andar, tenía sobre todo ganas de sentarme un momento y, entre otras cosas, comer algo. Eran las 8,30 de la tarde. Ni los maníacos me daban ya miedo.


El maníaco confirma totalmente mis sospechas y en perfecto polaco y ademanes tipo "adivina quien es el psicópata del barrio", me indica la dirección. La verdad es que la diferencia entre que fuera perfecto su polaco o no, para mi comprensión era irrelevante, pero quiero otorgarle ese punto.

En realidad me indicó un mexicano, pero igualmente decidí entrar a reposar por primera vez algo durante el día y ver el comienzo del partido final de la Champions.


Camarera perfectamente rubia así que sospecho que no debe ser de tijuana, ni siquiera tendrá ninguna tía llamada Juana. Mesas llenas donde la gente come algo y en la barra un par de personas bebiendo y esperando algún sitio para comer también sobre la mesa. Por lo visto parece también una costumbre extendida la de comer sobre la mesa tras el telón de acero.

Yo pido algo de beber y me pido también algo para comer. En la misma barra empiezo a comer ante quizá una cierta extrañeza de la camarera.


El plato podría llamarse "collage" porque contenía pollo, habas, arroz, ensalada, pepino, una salsa roja (vestigios de la antigua urss seguramente) y algún ingrediente más al que preferí no prestar demasiada atención.


Yo vibraba con el partido y con el gol del barsa alegría total. Solo me faltó gritar visca barsa pero preferí contenerme por el qué dirán. Ya se sabe que en los mejicanos hay que ser serios y respetables, especialmente viendo fútbol.


Acaba la primera parte y continúo (andando claro) en búsqueda de la famosa taberna española: nada.

Vueltas y más vueltas intentando encontrarla, varias veces giré la plaza y alguna calle adyacente. Mientras, los bares en la terraza seguían ofreciendo la final. Tras algunos minutos viendo el partido continuaba la ronda cual sereno buscando la famosa taberna: Nada.


En un momento de lucidez pensé que si podía conectarme a Internet sabría la dirección de la famosa taberna y conociendo la dirección, siempre es más fácil encontrar el local, como ya todos sabemos.


Me senté un momento para ver si había alguna red wifi disponible y poder saber la dirección de la escondida taberna. Ni que decir tiene que en esos minutos mujeres polacas, siempre muy elegantes, pasaban ante mis ojos o se sentaban en bancos adyacentes. Quizá era algún tipo de señal hacia mí pero preferí ignorarlas y concentrarme en encontrar la red wifi. Logro al fin conectarme y en un momento averiguo la dirección de la taberna. Pienso "¿dónde estará esta calle?”.


Y entonces pasó algo realmente gracioso que en Italia calificarían como "fare la gran figura di merda": cierro el portátil y tal como me levanto, doy mi palabra de honor, tal como me levanto y alzo la vista ante mí se muestra en todo su esplendor un amplio toldo con la leyenda "taberna española". Grabado sobre el toldo y en los laterales además de en algunas mesas de la terraza. Me río bastante como hago en estos casos y viendo que no ofrecen el partido y que el ambiente es ese día bastante soso, decido acabar de ver el partido desde las terrazas.


¡Segundo gol del barsa! enorme felicidad y envio sms a un gran amigo, Albert, para felicitarlo a él también. Seguro que en ese momento él era un hombre feliz. Me daban ganas de gritar que yo venía de allí. Tengo la sensación que no habría mucho más español-catalán en aquel lugar. Fue una bonita sensación.


Con todo el bacalao partido y cansado aún más, cojo un taxi y me vuelvo al hotel.

Ni que decir tiene que durante mis rondas por la plaza principal veía mujeres estupendas.

Llego al hotel y en la recepción me encuentro dos fantásticas y altas chicas una morena y otra rubia (no sé si hijas del pueblo de Madrid) dignas de ponerles un piso en Alcobendas. La rubia alta, simpática y sonriente y además hablaba un poco español así que le hice una pregunta sobre la cama de mi habitación pues estaba "hecha" de una forma realmente extraña. ¡Ya solo me faltaba que no fuera costumbre en Polonia hacer la cama en los hoteles!


La alta y preciosa rubia subió conmigo y mi mente comenzaba a imaginar escenas lujuriosas y lascivas que por respeto a ustedes no voy a reproducir. Planes que me conducirían al calabozo sin lugar a dudas. Dentro de la habitación tengo que sujetar a mi otro yo para no hacerle una proposición deshonesta o simplemente copular como dos bestias salvajes. ¡qué difícil es estar a solas con una mujer en una habitación y mantenerse sereno!


Sonriendo, me comentó que era normal allí hacer las camas de esa manera, ¿y cómo es esa manera se preguntarán ustedes? buena pregunta.

Imagínense una crepe. Estaba hecha de la misma manera. Una sábana rodeando, como una crepe, un edredón que hacía las veces en este caso de chocolate, o cualquier otro relleno.

Al lado de la cama y con una mujer así al lado realmente se hacía difícil mantener la compostura. Estábamos solos, perdidos en medio de una planta en una habitación de difícil acceso. Mirando una cama, hablando de ella, tocándola, ¡y solos!... Pero uno sabe cuando debe comportarse como un perfecto caballero.


Esperé unos segundos por si quisiera ser ella la que quisiera abalanzarse sobre mí , me indicara sus intenciones, pero al ver que tras la lección de "cómo hacer una cama a la crepe de chocolate" no había nada, decidí saludarla muy amablemente y a mi pesar darle las buenas noches.

Pero no se vayan porque aún hay más…

Ahora viene el remate final a un apoteósico día de hotel.


Dos camas. Elijo la más cercana a la ventana. Increíblemente no hay ningún enchufe cerca de la cama para poder conectar el portátil ¡estaba en el otro extremo de la habitación!

Me meto en la cama y la noto blanda blanda, y más blanda, y al final la parte derecha se desfonda como si me hubiera tumbado sobre un flan. Mitad derecha de la cama hundida y mitad izquierda aguantando la posición. Pienso que esa posición no debería ser normal para dormir ni siquiera en este país.


Pruebo en la otra cama con el temor de que me vuelva a pasar lo mismo y entonces ya empiezo a pensar que realmente se trata de otro hábito curioso a la hora de dormir, similar al envoltorio tipo crepe. Quizá es que el Polaco cuando duerme ha de tener el hígado a un nivel más bajo que el corazón para poder conciliar el sueño ¡qué sé yo!


Por suerte la otra cama aguanta y duermo al mismo nivel tanto en el lado derecho como en el izquierdo.

En resumen: día intensísimo plagado de bellas mujeres y muy positivas sensaciones. Ahora tocaba dormir. Mañana sería otro día no menos intenso. Al día siguiente conocería a una Diosa del olimpo en persona.