lunes, 8 de marzo de 2010

Dancing with wolves


Sobre las 12 de la noche debían ser, lo que equivaldría en España a las 2 de la mañana en ambiente. El bar musical estaba casi lleno, llevábamos un buen rato allá. Éramos 6 o 7 personas en el grupo.

De repente entró una chica cuya cara me sonaba enormemente. Tenía la certeza de haber hablado antes con ella aunque ni remotamente podía recordar cuándo y dónde. Bueno, cualquiera que me conozca sabe que recordar caras o nombres no es lo mío cuando salgo de noche. Volvíamos a los viejos tiempos donde alguien se acercaba y comenzaba a hablarme y yo no tenía idea quién era.
Nos miramos porque sabíamos que nos conocíamos y se situó cerca. Yo seguía tratando de recordar de qué diablos la conocía pero no era capaz.
En un momento dado se acercó y tras los holas de rigor dije mi clásico:
- Sé que te conozco pero no recuerdo de qué, disculpa.
Eso no es lo que espera una mujer cuando se dirige a un hombre así que el primer gesto fue de desencanto. Ella estaba bastante buena sin llegar al nivel de diva que es relativamente habitual por estas latitudes. Me extrañaba que estando buena no fuera capaz de recordar nada.

- Nos conocimos hace dos sábados, no recuerdas?
- Pues la verdad es que no, lo siento. Dónde nos conocimos? Como fue?
- Pues fue en este mismo bar.
Yo estaba sorprendido de mi desmemoria. No podía ser que no recordara nada.

- Y qué hablamos? pasó algo de lo que debiera acordarme?
- Estuvimos hablando - decía ella- y en un momento te enseñé el anillo.
Y en ese momento me mostró el anillo de casada de su mano.

-ah vale, entonces ya entiendo por qué olvidé tan rápido.- repliqué poniendo un poco de humor en el asunto- estando casada …
-Para eso están los divorcios- contestó.
-¡Está bien saberlo!

Seguimos hablando un buen rato y de vez en cuando nos volvíamos a acercar y retomábamos la conversación un poco más.
Estando con ella lo que percibía entre nosotros era sexo salvaje y desenfrenado, abierto, sin florituras, sin concesiones, en estado puro, salvaje. Era lo que me transmitía con la mirada. Sus ojos libidinosos hacían volar mi imaginación. Era pecaminosa en sus formas y uno- que ya está condenado desde hace tiempo- no puede renunciar a eso.
Al cabo de un rato una amiga común dio un detalle que me hizo recordar súbitamente que sí, que la había conocido allí. Eran 3. Me dirigí a ella primero y tras, no recuerdo qué le dije, hablarle me había enseñado el anillo. Suficiente para tras 5 minutos cortar e irnos a otro sitio el amiguete y yo. Ahora lo recordaba.
Me dijo que estaría allí el sábado siguiente otra vez, de tal forma, que era poco menos que una invitación a que fuera. Seguía viendo el pecado en su mirada y gestos (espero que ella también los viera en los míos). Le dije que pudiera que viniera.
Luego le pregunté si era posible tener alguna forma de contactar con ella de forma discreta. Uno tiene sus principios y nunca entraría a molestar en medio de un matrimonio en forma de llamada indiscreta o similar. Hay que respetar ciertas cosas.
Me dio su teléfono que, como siempre, no necesito apuntar más que en la memoria.
Habían ya pasado varias horas en el bar, así que, tras unos minutos, cansado ya de estar en el mismo lugar durante tanto tiempo, pero sin querer molestar al resto, decidí irme.
- Al llegar le he enviado un mensaje: “como puedes ver para los números tengo buena memoria”.

martes, 27 de octubre de 2009

El gato

Tras dos semanas intensísimas de trabajo en Madrid donde el único respiro provenía de alguna cena furtiva con una dama y de estar con mis amigos en Girona y con mis gatos los fines de semana, el domingo 25 me volví de nuevo a Wroclaw dispuesto a continuar esta aventura, ahora en fase pre-invernal.

Así pues, a mediodía y tras hacer la pequeña maleta cerré mi casa mientras un nuevo Adiós sobrevolaba en el ambiente. Ellos, mis gatos, notaban que me estaba marchando de nuevo. Miraban una vez más cómo me marchaba, sin entender una vez más por qué.


La cosa realmente curiosa me sucedió al llegar a Polonia, en el mismo aeropuerto.
Justo al salir del aeropuerto de Wroclaw, en la misma puerta donde, de forma incesante, entran y salen viajeros con maletas, carros etc me encuentro con una de las escenas más curiosas que me han pasado últimamente.

Allá mismo, en la puerta de entrada, prácticamente en el mismo centro, ajeno al constante entrar y salir de personas, sentado como si de una antigua estatua egipcia de algún antepasado suyo se tratara, inmóvil, se encontraba un gato, mitad negro, mitad blanco.
Impertérrito, mientras la gente no dejaba de entrar y salir y fijarse en él, pues era verdaderamente insólito encontrar un gato en un lugar con tanto movimiento, con tanto humano, y encontrarlo tan confiado.

A pesar de que algunas personas al entrar le rozaban, él ni se inmutaba. Permaneció al menos casi veinte minutos en la misma posición de sentado mientras yo, sorprendidísimo, no dejaba de mirarlo a un par de metros. Sé algo de gatos y no me podía creer que el animal estuviera tan tranquilo en semejante situación.
La gente se extrañaba y algunos lo acariciaban.

Al final no puede evitarlo y me acerqué a él para hacerle cuatro carantoñas. Giró muy levemente su cabeza hacia mí y luego continuó en la misma posición.
Le hablé un poco como le hablo yo a los gatos. En el fondo sé que me entienden. En el fondo nos parecemos un poco.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Bailando Tango


Es realmente curioso: llevaba varios días en que me venía en mente mi ex. Es como si una premonición rondara mi cabeza.
Hace mucho tiempo que no tenía noticias de ella ni las buscaba en absoluto, tras un final más que tormentoso.

Hoy, al llegar a casa, en skype, de repente surgió un mensaje en el que Ella me pedía ser añadida a mis contactos. Tras la sorpresa inicial me surgió la duda : ¿ había sido voluntad suya hacerlo o era consecuencia de algún endiablado intento del programa de conectar gente?

Durante unos minutos estuve pensando si aceptar o no la invitación. No parece que tuviera mucho sentido pero tras dudarlo al final decidí aceptar. Tras aceptar ella aparecía como conectada.

Esperé unos minutos a ver qué pasaba. Tras navegar un rato por internet pensé que lo mejor era eliminar el contacto y a punto estuve de hacerlo un par de veces. Al final, sin embargo, no lo hice.

Consideré que era mejor hacer un intento para saber si realmente había sido una jugarreta informática, como muy probablemente parecía, o voluntariedad suya.
Abrí el chat del programa y envié por todo mensaje un simple interrogante : "?".
Si en un minuto no hubiera respondido nadie habría eliminado el contacto.
Al cabo de unos segundos respondió. En efecto había sido algo voluntario suyo.


Chateamos de forma muy amistosa durante un buen rato. Hacía tiempo que no lo hacíamos con esa serenidad y simpatía mútua.


El diálogo era como un mirarse de reojo, como un rozarse sin querer.
En un determinado momento amablemente intentó enviarme una foto suya reciente pero con la misma amabilidad rehusé.

- Mejor que no .- le dije
- ¿Por qué no? - insistió ella un par de veces.
- No se puede hacer público todo en este mundo.- repliqué

Continuamos la charla rozándonos y esquivándonos, en una especie de tango cibernético.

-Y tú, ¿Cómo es que me has enviado la invitación para hacerme contacto tuyo? - pregunté yo.
- No se puede hacer público todo en este mundo.- contestó.

Tras un buen rato más hablando me dijo que mañana estaría en el mismo lugar a la misma hora…

viernes, 11 de septiembre de 2009

Una reunión informal (y suave)


Ayer tuvimos la primera reunión de equipo con nuestro nuevo manager. Tras ella nuestro nuevo jefe pensó que sería bueno reunirnos para tomar algo en algún bar de la ciudad de forma informal y por supuesto, voluntariamente, y qué mejor lugar que mi sitio favorito en Wroclaw: la casa de la música. Lugar de ambiente cubano magníficamente decorado y en pleno Rynek (plaza principal de la ciudad) ¡viva la revolución!

A las cinco y media (de la tarde claro) nos dirigimos seis integrantes del equipo a lo que yo suponía sería tomar algo suave, charlar un poco, conocernos mejor, y disfrutar de las terrazas del Rynek que en esta época del año, acompañadas aún de una agradable temperatura, están llenas de gente y de vida.
Uno, que se apunta a un bombardeo, también iba en el grupo. Hablando de bombardeos: estos días se conmemora en Polonia el septuagésimo aniversario de la invasión del país por lo alemanes y hay carteles conmemorativos y exposiciones del acontecimiento por la ciudad. Siento el jefe alemán y buena parte del equipo polaca pensé que sería mejor no tocar el tema ¡pelillos a la mar!



Llegamos al local y en su gran terraza cubierta juntamos dos mesas y nos disponemos a tomar lo que yo creía que sería una caña y poco más.
Pedimos una ronda de cerveza y comenzamos a charlar mezclando lo profesional con lo privado, y dentro siempre de un ambiente distendido. La cerveza era de medio litro (medida estándar por estos lares y que a uno le sigue pareciendo exagerado). La cerveza me gusta pero no más de una o dos cañas (de medida hispana) así que con una de medio litro iba más que servido. Los caminos del señor, sin embargo, son inescrutables.

--Bueno si incluso las chicas se toman su medio litro no voy a quedar yo ahora como un pusilánime. ! Igual se podrían pensar que soy abstemio!




La tarde era agradable, la gente paseaba continuamente por la zona y las terrazas estaban animadas. Terminada la primera ronda y cuando yo pensaba que tocaba irse a casa el jefe pide una segunda ronda.
Una segunda jarra de cerveza no entraba en mis planes para nada. Ufff... bueno… habrá que hacer el esfuerzo. Seguimos hablando de todo un poco cada vez más relajadamente y de forma animada.
Al acabar esta ronda se hace la primera selección natural y dos se van a casa. Quedamos cuatro.





De repente lo que menos me esperaba: ¡una tercera ronda de jarras de medio litro! Estaba batiendo mi record personal de beber cerveza pues yo, como ustedes saben, soy un hombre de principios y éstos me incitan normalmente a tomar bebidas del tipo vodka, ron, whisky, pero no cerveza.

Habrían pasado ya más de dos horas.
Los ojos comenzaban a brillar y la conversación se animaba cada vez más. La tarde seguía cayendo y comenzaban a iluminar la terraza las luces amarillas nocturnas tanto de la plaza como del mismo local. Nuestro inglés cervecero hacía estragos a esas horas llevándose por delante cualquier estructura gramatical y la lucidez iba dejando paso a la espontaneidad.
Pasan los minutos y se va la única chica que quedaba en el grupo. Nos quedamos los últimos de Filipinas ( de Cuba en este caso).



¡¡Cuarta ronda!! Bueno, bueno esto ya rompía completamente toda previsión. La idea de una caña o café de una forma más o menos informal se hacía añicos y con la cuarta ronda de jarras, aún no me explico donde diablos he metido tanta cerveza, se daba paso a hablar de lo humano y lo divino. Yo batía nuevamente mi récord bebiendo cerveza, que había establecido apenas unos minutos antes. A estas alturas ya me sentía como Ussain Bolt.


Recuerdo haber recomendado al jefe que viera Apocalypse Now y la Cruz de hierro (hay cosas que son más fuertes que uno) y haber hablado de Roma y quién sabe de qué cosas más. Estábamos todos bastante sueltos y la conversación se iba desparramando sin mucha lógica. No recuerdo las veces que fui al baño pero al menos fueron cinco. Cada vez el camino era más tortuoso, eso sí.

Seguimos conversando en una lengua cada vez más incomprensible. Mi compañero de enfrente tenía un brillo delator en la mirada y se notaba que iba bastante doblado. El alemán aguantaba el tipo pues tradición obliga, y uno, curtido en alguna que otra batalla de este tipo, batallas cuarteleras y civiles, luchaba por el honor hispano jugando en campo contrario.

La conversación como pueden imaginarse cada vez se hacía más animada, seguramente menos coherente también, más natural, divertida, cercana, desenfadada. En definitiva ¡qué viva la Pepa!



La noche había caído ya y debían ser alrededor de las nueve y media de la noche.
De repente otro momento estelar: en medio de la animada conversación oímos en la mesa de al lado alguien que pregunta en inglés (por lo visto) si puede unirse a nosotros. Joven de unos 30 años cara y gafas de despistado, barba de unos días, sonrisa y afabilidad continuas. El joven era ni más ni menos que de Nueva Zelanda. El acento neozelandés es uffff, cómo lo describiría… es como hablar con las mandíbulas pegadas. Era un milagro entenderlo entre el alcohol y ese acento kiwi completamente inhabitual.


¡¡¡¡Quinta ronda!!!! ¡Todos los récords pulverizados! en estos momentos ¡estaba corriendo por debajo de los 9,50!

¿De qué hablamos? Pues a saber. Ni puñetera idea. No creo que el hilo se desviara mucho más de la ya errática línea previa. Recuerdo que comentó nuestro nuevo amigo lo fantásticas que le parecían las mujeres polacas y yo pensé ¡bienvenido al club! ¡my dear man!

El compañero de mirada brillante se fue poco después a casa y ya sólo quedábamos la vieja guardia. Como en el Europeo de fútbol, solo España y Alemania llegaban hasta la final.
Once de la noche. Lo que comenzó en un tranquilo encuentro para tomar algo después de trabajar se había convertido en un maratón. Por fin, levantamos el campamento y tras despedirnos tomo rumbo a casa.


Me subo al primer taxi que encuentro libre. Si cuando nombro mi calle no suelen entenderme los taxistas, y voy sereno, a saber cómo puede ser yendo bebido.
Por lo visto la pronunciación mejora con el alcohol y a la segunda repetición entiende perfectamente el destino y hasta allá me lleva.

Esta mañana alguien me dice que cree que han sido seis rondas pero eso ya sería correr por debajo de los nueve segundos y no sería posible.

Un saludo