viernes, 11 de septiembre de 2009

Una reunión informal (y suave)


Ayer tuvimos la primera reunión de equipo con nuestro nuevo manager. Tras ella nuestro nuevo jefe pensó que sería bueno reunirnos para tomar algo en algún bar de la ciudad de forma informal y por supuesto, voluntariamente, y qué mejor lugar que mi sitio favorito en Wroclaw: la casa de la música. Lugar de ambiente cubano magníficamente decorado y en pleno Rynek (plaza principal de la ciudad) ¡viva la revolución!

A las cinco y media (de la tarde claro) nos dirigimos seis integrantes del equipo a lo que yo suponía sería tomar algo suave, charlar un poco, conocernos mejor, y disfrutar de las terrazas del Rynek que en esta época del año, acompañadas aún de una agradable temperatura, están llenas de gente y de vida.
Uno, que se apunta a un bombardeo, también iba en el grupo. Hablando de bombardeos: estos días se conmemora en Polonia el septuagésimo aniversario de la invasión del país por lo alemanes y hay carteles conmemorativos y exposiciones del acontecimiento por la ciudad. Siento el jefe alemán y buena parte del equipo polaca pensé que sería mejor no tocar el tema ¡pelillos a la mar!



Llegamos al local y en su gran terraza cubierta juntamos dos mesas y nos disponemos a tomar lo que yo creía que sería una caña y poco más.
Pedimos una ronda de cerveza y comenzamos a charlar mezclando lo profesional con lo privado, y dentro siempre de un ambiente distendido. La cerveza era de medio litro (medida estándar por estos lares y que a uno le sigue pareciendo exagerado). La cerveza me gusta pero no más de una o dos cañas (de medida hispana) así que con una de medio litro iba más que servido. Los caminos del señor, sin embargo, son inescrutables.

--Bueno si incluso las chicas se toman su medio litro no voy a quedar yo ahora como un pusilánime. ! Igual se podrían pensar que soy abstemio!




La tarde era agradable, la gente paseaba continuamente por la zona y las terrazas estaban animadas. Terminada la primera ronda y cuando yo pensaba que tocaba irse a casa el jefe pide una segunda ronda.
Una segunda jarra de cerveza no entraba en mis planes para nada. Ufff... bueno… habrá que hacer el esfuerzo. Seguimos hablando de todo un poco cada vez más relajadamente y de forma animada.
Al acabar esta ronda se hace la primera selección natural y dos se van a casa. Quedamos cuatro.





De repente lo que menos me esperaba: ¡una tercera ronda de jarras de medio litro! Estaba batiendo mi record personal de beber cerveza pues yo, como ustedes saben, soy un hombre de principios y éstos me incitan normalmente a tomar bebidas del tipo vodka, ron, whisky, pero no cerveza.

Habrían pasado ya más de dos horas.
Los ojos comenzaban a brillar y la conversación se animaba cada vez más. La tarde seguía cayendo y comenzaban a iluminar la terraza las luces amarillas nocturnas tanto de la plaza como del mismo local. Nuestro inglés cervecero hacía estragos a esas horas llevándose por delante cualquier estructura gramatical y la lucidez iba dejando paso a la espontaneidad.
Pasan los minutos y se va la única chica que quedaba en el grupo. Nos quedamos los últimos de Filipinas ( de Cuba en este caso).



¡¡Cuarta ronda!! Bueno, bueno esto ya rompía completamente toda previsión. La idea de una caña o café de una forma más o menos informal se hacía añicos y con la cuarta ronda de jarras, aún no me explico donde diablos he metido tanta cerveza, se daba paso a hablar de lo humano y lo divino. Yo batía nuevamente mi récord bebiendo cerveza, que había establecido apenas unos minutos antes. A estas alturas ya me sentía como Ussain Bolt.


Recuerdo haber recomendado al jefe que viera Apocalypse Now y la Cruz de hierro (hay cosas que son más fuertes que uno) y haber hablado de Roma y quién sabe de qué cosas más. Estábamos todos bastante sueltos y la conversación se iba desparramando sin mucha lógica. No recuerdo las veces que fui al baño pero al menos fueron cinco. Cada vez el camino era más tortuoso, eso sí.

Seguimos conversando en una lengua cada vez más incomprensible. Mi compañero de enfrente tenía un brillo delator en la mirada y se notaba que iba bastante doblado. El alemán aguantaba el tipo pues tradición obliga, y uno, curtido en alguna que otra batalla de este tipo, batallas cuarteleras y civiles, luchaba por el honor hispano jugando en campo contrario.

La conversación como pueden imaginarse cada vez se hacía más animada, seguramente menos coherente también, más natural, divertida, cercana, desenfadada. En definitiva ¡qué viva la Pepa!



La noche había caído ya y debían ser alrededor de las nueve y media de la noche.
De repente otro momento estelar: en medio de la animada conversación oímos en la mesa de al lado alguien que pregunta en inglés (por lo visto) si puede unirse a nosotros. Joven de unos 30 años cara y gafas de despistado, barba de unos días, sonrisa y afabilidad continuas. El joven era ni más ni menos que de Nueva Zelanda. El acento neozelandés es uffff, cómo lo describiría… es como hablar con las mandíbulas pegadas. Era un milagro entenderlo entre el alcohol y ese acento kiwi completamente inhabitual.


¡¡¡¡Quinta ronda!!!! ¡Todos los récords pulverizados! en estos momentos ¡estaba corriendo por debajo de los 9,50!

¿De qué hablamos? Pues a saber. Ni puñetera idea. No creo que el hilo se desviara mucho más de la ya errática línea previa. Recuerdo que comentó nuestro nuevo amigo lo fantásticas que le parecían las mujeres polacas y yo pensé ¡bienvenido al club! ¡my dear man!

El compañero de mirada brillante se fue poco después a casa y ya sólo quedábamos la vieja guardia. Como en el Europeo de fútbol, solo España y Alemania llegaban hasta la final.
Once de la noche. Lo que comenzó en un tranquilo encuentro para tomar algo después de trabajar se había convertido en un maratón. Por fin, levantamos el campamento y tras despedirnos tomo rumbo a casa.


Me subo al primer taxi que encuentro libre. Si cuando nombro mi calle no suelen entenderme los taxistas, y voy sereno, a saber cómo puede ser yendo bebido.
Por lo visto la pronunciación mejora con el alcohol y a la segunda repetición entiende perfectamente el destino y hasta allá me lleva.

Esta mañana alguien me dice que cree que han sido seis rondas pero eso ya sería correr por debajo de los nueve segundos y no sería posible.

Un saludo

2 comentarios:

Gonzalo dijo...

jojo, muy bueno el relato. Me hubiese gustado oir la conversación a la quinta cerveza con Apocalypse now y Roma de por medio. Deberiais haber brindado por la conmemoración de los bombardeos; seguro que el jefe alemán en silencio hizo algún que otro brindis.

Jaime dijo...

Gracias por tu comentario. Realmente pasamos un buen rato. Por suerte europa vive ahora una época donde prima más el sentido común que entonces. Polonia sufrió muchísimo en la IIWW.
Saludos