Disculpad el retraso.
Recientemente he estado en Madrid dos semanas por trabajo y apenas he tenido tiempo para nada.
De Madrid me llevo el recuerdo de muchísimo calor, demasiado para mi gusto cuando no hay ninguna playa cerca; gente estupenda con la que he trabajado este tiempo y mucho trabajo. Además de la clara percepción de estar en las afueras de la ciudad en medio de la cruda meseta castellana. Not for me my love. Es de valorar trabajar en el mismo centro de la ciudad, como ocurre en Wroclaw, y no en un páramo semiperdido.
Hoteles por esa zona había poco donde elegir: básicamente dos. Creo que elegí el peor.
En medio de la carretera que va de las rozas a El Escorial allá se alzaba (es un decir pues es de una planta solamente) el hotel donde me alojé. Incomunicado con todo salvo con la típica gasolinera de autovía que me salvo de morir de inanición, que hizo las veces de cocina improvisada en medio de la nada. Cual oasis en medio del desierto donde a lo Peter O’toole obtienes un poco de agua y con algo de suerte no te disparará Omar Sharif.
Por momentos también me acordaba de aquellas películas donde aparecía un motel de carretera sin nada alrededor.
Dos semanas como digo de bastante trabajo, en un ambiente muy agradable hasta donde he podido ver aunque, para ser sinceros, prefiero Wroclaw.
Semanas de tiempo comprimido: Llegar pronto a trabajar y salir casi tan tarde como el que más, con un calor de mil demonios a las 6 de la tarde, calor que nunca encontrarías en Polonia ni el día más caluroso de julio a las 12 del mediodía. Viernes donde un avión espera para llevarte a Girona, tras varias horas de contemplación y reflexión en Barajas: los aeropuertos son, cuando la espera es grande, un tiempo de reflexión permitido en tu vida, un paréntesis que te aísla y te sugiere: “look man: you are here”.
A pesar de llegar casi a media noche, algún buen amigo nos daba cena en su restaurante siempre acompañado por más amigos y tras charla, cena, y alguna copa coche hasta, por fin, casa.
Y es cuando llegas a casa que te das cuenta que estás combatiendo más allá del rhin como Germánico con sus legiones. ¡Varo devuélveme mis legiones! !quintilus varus devuélveme mis legiones!
Porque la paz que encuentras ahí no la percibes en ningún otro sitio.
Pero este verano va a ser corto, muy corto. Por tanto el sábado toca levantarse temprano y aprovechar este día maravilloso de verano, esta luz mediterránea brillante, cegadora, en la que nunca antes habías reparado, y que ahora te parecen destellos de algún Dios menor (tenía que decirlo siempre me ha gustado esta expresión).
La vida ya no se bebe despacio. Todo va demasiado deprisa.
Y el sábado pasa rápido intentando apurar el mar, la arena, el sol, los compañeros de piso (gatos), los amigos, y todas esas pequeñas cosas que te recuerdan que eres de allí más que de ningún otro sitio.
Y sin tiempo para nada más ya estás el domingo levantándote para ir a coger el avión a Madrid. Taxi al hotel de Norman Bates y a combatir una nueva semana.
Y así transcurrieron dos semanas en Madrid y Girona hasta que tocó volver a al otro lado del telón de acero :)
lunes, 3 de agosto de 2009
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2 comentarios:
juo juo, molt bona redacció i molt interessant el relat. Veig que la cosa prospera, me n'alegro. Llàstima que de platja aquest estiu en veuràs ben poca, amb els dies tan fantàstics que estan fent. Però, el primer és el primer, i ara toca posar-hi el coll, jejeje... Un petó.
Gracies maca. Aquest estiu platja poca, aixo es veritat.
Petons
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